“El pensador” 1997
Óleo sobre tela
38 x 46 cm
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El Pensador
Encerrado en su propio pulso, el ser se repliega sobre sí mismo.
La mente, como un espiral silencioso, gravita en preguntas sin dueño.
Es un útero de ideas, una semilla de infinitas posibilidades.
Allí, en el centro del vacío luminoso, la conciencia se gesta.
Pensar es abrazar la duda como madre, y el asombro como hijo.
