«Raíces de mi mundo interior»
Entre 1998 y 2003, pinté estos cuadros como quien siembra semillas en un jardín secreto. Cada trazo surgió de la necesidad de dar forma a lo intangible: emociones, memorias, sueños que no podían ser nombrados.
Cada cuadro de esta serie es un eco de lo invisible: cuerpos que se transforman, miradas que nacen de la tierra, memorias antiguas que renacen en color y forma.
No hay límites entre lo real y lo soñado. Cada trazo es un puente hacia lo esencial, hacia aquello que nos habita en silencio.
Estas obras no representan el mundo; lo intuyen, lo susurran, lo sienten.